Un delicioso banquete de estrellas

Fotograma de "Asesinato en el Orient Express" (Murder on the Orient Express, Sidney Lumet, 1974)
photo_camera Fotograma de "Asesinato en el Orient Express" (Murder on the Orient Express, Sidney Lumet, 1974)
Casi 50 años después de su muerte, la gran Agatha Christie sigue siendo adaptada al cine, cautivando a nuevos admiradores y, esperemos, captando nuevos lectores. Asesinato en el Orient Express (Murder on the Orient Express, Sidney Lumet, 1974) fue la única adaptación de su obra que convenció a Agatha Christie: por algo será.

Partimos de que la novela original (publicada en 1934) es una de las más memorables de la Reina del Crimen. Por ambientación, ritmo, el dramatismo del misterio y su resolución, la historia sigue atrapando décadas después, virtud, por cierto, extensible a muchos otros títulos de Agatha Christie. Sí, a poco que se añada un poco de talento cinematográfico, Christie sigue siendo infalible.

Imaginemos entonces lo que es Asesinato en el Orient Express (Murder on the Orient Express, Sidney Lumet, 1974), película que puede presumir de uno de los mejores repartos de la historia del cine. El siempre hábil y eficaz Sidney Lumet (ya había mostrado sus dotes para rodar en un pequeño lugar cerrado en Doce hombres sin piedad) decidió que, para que el público no se confundiera con los nombres de los muchos pasajeros sospechosos, lo ideal sería que todos fueran interpretados por grandes estrellas y, así, no habría pérdida. El paso siguiente era convencer a esos nombres de oro y Lumet apostó por el que era el más grande en los setenta y con quien había rodado ya tres películas: Sean Connery. Pues sí, aunque acababa de dejar de ser Bond, el gran Connery fue el gancho para que en semanas ficharan a Albert Finney, Lauren Bacall, Ingrid Bergman, Richard Widmark, John Gielgud, Anthony Perkins, Martin Balsam, Vanessa Redgrave, Michael York, Jacqueline Bissett… Imposible perderse ya en los vagones del Orient Express, si de una puerta sale Widmark y en el pasillo te cruzas con la Bergman: disfrute asegurado en cada minuto. Curiosamente, cada vez que entrevistaban a una de estas estrellas decía que había aceptado el papel… ¡por trabajar con las otras celebridades!

Pero Christie, como decíamos, sigue siendo lo más importante y su argumento nos sigue hipnotizando. En el exótico y lujoso Orient Express se produce un crimen violento, justo cuando se ve atrapado en la nieve. El célebre detective belga Hercules Poirot investigará y hallará la solución. Está claro que Albert Finney como Poirot es el protagonista absoluto y quien más minutos tiene en pantalla: ¿está a la altura de quienes le rodean? Vaya que sí, pues, aunque el arranque es algo lento, una vez en el tren y con el crimen de por medio, Finney campa a sus anchas con el particular humor de Poirot y con su famosa explicación final. La investigación parece sencilla ya que Poirot apenas visita la escena del crimen (inquietantes contrapicados), entrevista a cada sospechoso y ya los puede reunir para su parlamento final porque ya sabe la solución… si no fuera porque queda media hora de película. En efecto, el tópico discurso en el que descubrimos todo es un logro de Finney que recita ocho páginas de guion en un compartimento de tren y ante leyendas del cine en más de veinte minutos. Brillante.

Curiosamente, el Óscar se lo llevó Ingrid Bergman, quien con su pequeño papel como Greta Ohlsson conseguiría su tercer Óscar y el único como actriz secundaria. ¿Merecido? Bergman prefirió este papel al de la anciana princesa rusa porque así no tendrían que contratar a una actriz que pusiera acento sueco. Irónicamente, tuvo que “recordar” su propio acento, pues la actriz sueca ya era universal y no sabía marcarlo tanto. Su escena del interrogatorio es prácticamente todo su papel y su declamación, sus gestos, su mirada y sus movimientos nos enamoran y recuerdan lo gran actriz que fue y lo poco que se la suele recordar entre las grandes.

Desde el punto de vista de la puesta en escena, Sidney Lumet se enfrentó con el desafío de rodar en un espacio cerrado y pequeño como un tren. Ahora bien, por un lado tenemos un prólogo en el que se nos cuenta el secuestro y asesinato de un niño (sí, Christie se inspiró en el terrible caso del hijo de Lindbergh), con una atmósfera inquietante y que contrasta con todo lo que viene después… hasta que descubramos las conexiones, claro está.

Por otro lado, Lumet también se permite un cierre tan teatral como efectivo. Cuando llega la resolución (o resoluciones), se produce un hábil brindis final que permite que buena parte del reparto “salude” al público y hasta sea aplaudido, como si estuviera en las tablas de un teatro y el espectador en la platea. Entrañable recurso de otro medio que subraya la importancia y la calidad del reparto (el muerto, ay, se queda sin saludar).

Richard Rodney Bennett acompaña con una banda sonora que mezcla el clasicismo elegante que dicta el lujoso tren y sus pasajeros mediante un vals, con el suspense propio del crimen y su investigación a través del uso de las cuerdas y el metal. Esfuerzo musical que fue recompensado con una de las seis nominaciones a los Óscar de la película, el año de El padrino II, El coloso en llamas o Chinatown. Solo la Bergman conseguiría el premio: ahora repasen las películas nominadas de los últimos años para comparar… y llorar.

Agatha Christie es infalible para entretener y enganchar al público ávido de misterios enrevesados. Si añadimos a algunos de los mejores intérpretes de la historia o una ambientación exquisita, Asesinato en el Orient Express entra en las crónicas del cine como un delicioso pasatiempo.

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