Para morirse de cine

Sorpresas inesperadas

ser_un_asesino_00
photo_camera ser_un_asesino_00
Usted puede ser un asesino (1961) es n divertimento con misterio, cadáveres y tiros, no exento de ironías y sentido del humor y hasta con unas gotas de expresionismo. ¿De verdad hay que pasar por alto por la comedia española de los sesenta? No se queden (solo) con Berlanga y descubran la riqueza de un cine (casi) olvidado

Ya dedicamos en el pasado este hueco cinéfilo a 091: Policía al habla (1960) y no tardará en aparecer la imprescindible Atraco a las tres (1962). Pues bien, justo entre ambos títulos, José María Forqué rodaba también Usted puede ser un asesino (1961), completando así una brillante trilogía de menos a más en intriga, emoción y sentido del humor, que le sitúa como un grande del cine español (en las tres, por cierto, José Luis López Vázquez).

En Usted puede ser un asesino partía Forqué con la ventaja de contar con el libreto de la obra teatral (1958) de Alfonso Paso, nombre imprescindible en el teatro español de los cincuenta y sesenta, a quien hoy injustamente se relega al olvido, injusto pues sus comedias siguen siendo ágiles y muy divertidas. En la que nos ocupa, Simón y Enrique despiden a sus mujeres por Navidad ya que ellos se quedan trabajando en París. En realidad, preparan una fiesta con dos “amigas”, hasta que aparece un chantajista y… muere en medio del piso. La cosa se complica con la vuelta de las esposas porque habían olvidado unas llaves y el descubrimiento de un reciente seguro de vida de los maridos… que beneficiaba a sus viudas, claro está. El disparate no es tan sencillo porque, en realidad, vamos descubriendo que todos tenían motivos para el crimen y, de ahí, que hasta usted pueda ser el asesino, irónico título que mantiene la intriga hasta el ingenioso final.

Todo texto teatral exige siempre actores solventes y Forqué podía presumir de un reparto a la altura. Alberto Closas y José Luis López Vázquez son los dos calaveras protagonistas. Uno, sobrio y elegante, más seguro de sí mismo; el otro, más titubeante en la aventura, sobre todo cuando empiezan a aparecer cadáveres en el armario (no, el chantajista no será el único). A López Vázquez debemos las líneas más brillantes, que en la obra original son muchas más pero que en la película se reducen para subrayar más el suspense. En uno de los pocos silencios entre los amigos provocados por la enésima sorpresa, Enrique rompe la escena en dos: “¿Y si nos apuntamos a la Legión?”. De todos es sabido que George Cukor se quiso llevar a López Vázquez a Hollywood asombrado por su calidad, pero este no quiso arriesgarse con el idioma. ¡Lo que se perdió Hollywood y lo que ganamos nosotros! Que absurdos prejuicios no impidan disfrutar de actores españoles de leyenda.

Y ellas tampoco son cojas: Amparo Soler Leal y Julia Gutiérrez Caba dan la réplica como aparentes esposas obedientes que, en realidad, parecen llevar la voz cantante y hasta se hacen con la película por su hilaridad. A recordar el interrogatorio de la policía a Amparo Soler Leal que termina por desquiciar al comisario por la disparatada historia que inventa para proteger a su marido.

Suele ocurrir en las obras españolas de la época que sobrevuele cierta moralina como, en este caso, el “castigo” que parece esperar a los adúlteros (que además son de París, estas cosas no podían pasar en España…). Sin embargo, ese destino fatal e inoxerable también está en el noir americano y no parece molestar a nadie, simplemente es consustancial al drama, por lo que no hay que ver fantasmas censores o morales donde no los hay, sino que hay que saber disfrutar del relato y de su fondo y forma.

Porque otro de los problemas que surgen con una obra teatral en su paso al cine es si debemos desprendernos de la claustrofobia del escenario o podemos salir y dejar que la película respire. Forqué comienza con unos cuantos planos innecesarios de París, que son más turísticos que otra cosa. Tampoco funciona demasiado bien la conversación en el autobús de las esposas, cuando parece que se van, porque es algo tramposa y, de nuevo, prescindible. Ahora bien, seguro que todos los espectadores de Usted puede ser un asesino recuerdan el clímax y la captura final. Nada menos que viajando en el montacargas del edificio llegamos a un almacén de maniquíes en penumbra que evoca, sí, a El beso del asesino (1955) de Kubrick. ¡Ahí es nada el referente! Entre disparos y rostros sin alma, mezclados con los de los actores que tratan de mimetizarse con ellos, transcurre ese impactante final casi expresionista. Lástima que la música sea entonces excesivamente festiva y ligera, porque el tono exigía otro acompañamiento, que hubiera hecho brillar más todavía esta conclusión.

El epílogo vuelve al piso de las parejas y Forqué incluye también el famoso chiste final que no revelaremos sino que recomendaremos y que subraya la fidelidad al texto de Paso. Algo siempre de agradecer cuando el libreto original es de tanta calidad.

Un divertimento con misterio, cadáveres y tiros, no exento de ironías y sentido del humor y hasta con unas gotas de expresionismo. ¿De verdad hay que pasar por alto por la comedia española de los sesenta? No se queden (solo) con Berlanga y descubran la riqueza de un cine (casi) olvidado: Usted puede ser el sorprendido.

Comentarios