La pintora pelirroja vuelve a París, de Ara de Haro (Alianza Editorial)

La pintora pelirroja vuelve a París, de Ara de Haro (Alianza Editorial)
photo_camera La pintora pelirroja vuelve a París, de Ara de Haro (Alianza Editorial)
La escritora nos presenta así, mediante una prosa tan poética como plástica, y en verdad erudita en nombres, en datos y en ambientación, el París vanguardista comandado por Picasso, y, en concreto, el París surrealista comandado por Breton

La última novela de la excepcional escritora Ara de Haro glosa la vida de Remedios Varo, pintora surrealista de obra imaginativa, ingeniosa, detallista, culta y bruja. Y lo hace en dos tiempos: primero cuando ésta se escapó in extremis de la guerra civil española con su pareja y su amante para vivir las vanguardias y la pobreza y la genialidad y la derrota; y, en segundo lugar, veinte años después, cuando regresó desde el éxito echando de menos su paraíso perdido con un afecto que obligaba de memoria… ¡Todo en París!

Remedios Varo (ojos grandes, melena leonada, pasión desatada a juego con su talento, una de las primeras licenciadas en Bellas Artes que hubo en España, pintora surrealista de peripecia vital apasionante que vivió el mundo artístico catalán con Planells y compañía, y el madrileño de pre-guerra civil de la Escuela de Bellas Artes de San Fernando con Dalí y compañía, y las relaciones complicadas derivadas de su fe en el amor libre y el donjuanismo femenino, y la guerra civil en sí misma en Barcelona, y luego las vanguardias artísticas en París cuando París era el centro del mundo creativo, y la resistencia a los nazis en la II Guerra Mundial, y el exilio en México, y el éxito como pintora en los tiempos de los muralistas mexicanos –Rivera, Siqueiros- y de Leonora Carrington y de Frida Kahlo) fue demasiado tiempo una desconocida… ¡Todo a pesar de ser una mujer fascinante cuya excelsa obra y cuya singular vida serían en sí mismas capaces de inspirar a generaciones de mujeres y de hombres con imaginación y con ansias de belleza y libertad!

Desde esa certidumbre, cuando la descubrí y escribí sobre ella mi novela La mujer de nadie, la única bibliografía que encontré al respecto de esta irrepetible mujer fue un catálogo razonado de pintura de Janet Kaplan (uno en cuya parte biográfica se decía equivocadamente que Remedios se había casado en México con Walter Gruen), y un libro casi de filosofía estética y biográfica de Beatriz Varo, sobrina de la pintora, en el que se dejaba claro que jamás se casó con él (y por lo tanto la herencia le pertenecía). Posteriormente la figura de Remedios Varo se ha ido retomando, y salió otra novela, en este caso de Zoe Valdés, y un catálogo de una exposición apabullante en el CCCB con obra de nuestra autora, París i els surrealistes, y sendos estudios memorables de la propia Ara de Haro y de Estrella de Diego, amén de un libro interesante y loco con escritos de la propia Remedios Varo, y un libro sobre grandes mujeres con talento de ese periodo de Inmaculada de la Fuente…

Y todo eso culmina ahora con la publicación de la séptima novela de la estudiosa del arte y novelista Ara de Haro, La pintora pelirroja vuelve a París (Alianza Editorial).

Esta novela de Ara de Haro es un cruce entre biopic y novela histórica que nos presenta a la pintora Remedios Varo en su etapa de París, la etapa más rica vital y experiencialmente. El propósito de la autora es tratar de rellenar el vacío que en la biografía de nuestra pintora hay en lo referente a por qué ella volvió veinte años después a esa ciudad-mundo (cuando ella ya residía en México y ya era una pintora consagrada)… Y allí donde no llega la investigación –parece decirle la novelista Ara de Haro a la profesora e investigadora Ara de Haro- llega la fabulación noveladora.

La escritora nos presenta así, mediante una prosa tan poética como plástica, y en verdad erudita en nombres, en datos y en ambientación, el París vanguardista comandado por Picasso, y, en concreto, el París surrealista comandado por Breton, como si fuera una secta loca, bohemia, endogámica, parafísica, sexista, radical y genial. Y allí está Remedios Varo, personaje secundario de aquella historia pero protagonista de esta novela, con su talento análogo al de sus coetáneos, pero no reconocido con igualdad de dignidad. Sí, allí está la propuesta erótico-amorosa de Remedios Varo tampoco reconocida en tal entorno como vanguardia pasional, como sí ocurría en el caso de Picasso. Y allí está pues ella un poco al margen, pero absorbiéndolo todo, junto con su amante/padre intelectual Benjamin Péret, y su amante/hijo Esteban Francés, y su amante/brujo Victor Brauner, en el mejor momento del arte contemporáneo mundial…. ¡Y allí la vemos gracias a esta novela de rescate de Ara de Haro!

En este sentido podríamos decir que estamos ante una novela políticamente reivindicativa en el sentido feminista, algo así como lo que ha hecho Ángeles Caso en Las olvidadas (que es un libro que visibiliza a las mujeres orilladas por el canon de la historia del arte). Pero también es una novela erótica (“Remedios no le quería, tampoco quería follar, pero prefería hacerlo y no tener que discutir con él”). Y también es una novela pro-amor libre y anti-masculinidad tóxica (“sabía que todos los hombres tienen los bolsillos llenos de insultos para la mujer que traiciona a uno de los suyos,, es decir, a otro hombre”). Y también es una novela de indagación psicológica en la psicología del exiliado que añora volver allí donde ya no se puede regresar porque su paraíso ya no existe (“Ella no quiere que eso pase, no quiere pensar en un mundo, un París, en el que Péret no esté, pero sabe que, a pesar de ella, ocurrirá”). Y una novela de exploración de las múltiples posibilidades creativas de colectivización del deseo, y de la diferente forma en que eso se ve cuando el actor experimentador es un hombre, y cuando es una mujer (“Esteban la instaba a irse con él, pero ella no quiso. Entonces amenazó con matar a Péret cuando volviese.  Remedios, con mucha paciencia, le explicó que, en París, ese tipo de cosa era considerada de mal gusto y vulgar, una paletada totalmente primitiva y hasta risible”). Y una novela sobre la creatividad grupal asociativa y la genialidad a la vez que sobre el seguidismo palmeril y el culto a la personalidad que la creatividad grupal asociativa a menudo engendra, y desde luego sobre el machismo que ésta engendra (“su tendencia natural era ir hacia alguno de los artistas foráneos, cuyo lugar secundario en el grupo surrealista garantizase una posición de amarga equidistancia, de conocimiento subterráneo, de sólido aislamiento y acre distancia dentro del mapa planetario de los artistas de los artistas del surrealismo, con sus múltiples satélites”). Y una historia de intriga con ribetes políticos (“hacía tiempo que sospechaba que Brauner tenía vínculos con alguna organización secreta antinazi que estaba anticipándose a la guerra”). Y un libro sobre la ciudad creativa por excelencia, y sobre lo que fue y lo que queda de esa ciudad irrepetible y esa época irrepetible en el moderno hoy y el intemporal ser humano de hoy…

En suma, se trata de una novela breve pero intensa (también intensa en lo referente a la historia de Remedios y Victor Brauner en el pueblo de Perpiñán), rica en dobles lecturas, extraordinariamente interesante por el personaje y por la época, y muy bien ambientada, con un ritmo hipnótico y un saber sobre el arte, sus entresijos y sus significaciones que opera en el ámbito de la excelencia.

Hay quien diría que el detenimiento excesivo de la prosa en sutilezas cromáticas desentona con la pintura y la mirada de la protagonista, pues se trata de una pintora surrealista, una de ideas ingeniosas y de iluminaciones y de automatismos más que de colores (esas sutilezas cromáticas de la prosa quedaban muy bien en su anterior novela de Ara de Haro porque ésta versaba sobre un pintor apasionado por el torbellino del color, Jackson Pollock, y sobre su mujer, sobre todo sobre su mujer, pero quizá no quedan bien tales cromatismos verbales al hablar de una pintora visionaria como lo es Remedios Varo). Y hay quien diría que el tono de la serena y casi notarial tercera persona desentona con la locura, el estrépito y la vorágine de pasión vanguardista de la época.

Sin embargo nosotros nos quedamos con la justa y brillante reivindicación que aquí se hace de esta pintora, con la perspicaz documentación, la excelente ambientación y la intensidad de esta novela extraordinariamente recomendable.

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