Lo que la primavera hace con los cerezos, de Marta Robles (Ed. Espasa)

Portada de LO QUE LA PRIMAVERA HACE CON LOS CEREZOS, de Marta Robles (Ed. Espasa)
photo_camera Portada de LO QUE LA PRIMAVERA HACE CON LOS CEREZOS, de Marta Robles (Ed. Espasa)

He aquí un libro culto, interesante, inteligente, pedagógico, y, con todo, más profesional que profesoral. Un libro que sitúa a la autora a la altura de Tom Wolfe, Truman Capote, Gay Talese y el resto de grandes firmas pioneras del nuevo periodismo americano (ya saben, el conformado por genios en el arte de fundir el periodismo y la literatura), y, sobre todo, sitúa a la autora a la altura de la gran maestra de todos esos pioneros del nuevo periodismo americano: Djuna Barnes.

Djuna Barnes, la gran dama genial del vanguardista Greenwich Village neoyorquino y del París de los locos años 20, la amiga de Peggy Guggenheim, Cocó Channel, Ezra  Pound y Charles Chaplin, la gran escritora modernista alabada por T. S. Elliot, James Joyce y compañía, la autora de una de las mejores novelas del siglo XX (El bosque de la noche) y varios libros de cuentos impresionantes por su estilo y su mundo (Una noche entre los caballos, El vertedero, Humo), fue una escritora que aprendió del periodismo todo lo que sabía sobre literatura... No en vano ya decimos que anticipó con sus colaboraciones periodísticas toda esa corriente del nuevo periodismo (véanse a tal efecto dos libros geniales, el titulado Nueva York y el titulado Perfiles en los que da cuenta de su excepcional talento literario puesto al servicio del periodismo).

Muchos y muchas pensamos que, de haber sido hombre, Djuna Barnes hubiera sido el Premio Nobel de esa generación perdida, en lugar del machito de masculinidad saturada y exhibicionista Ernest Hemingway (precisamente en este libro de Marta Robles que estamos glosando Lo que la primavera hace con los cerezos. Historias de amor y desamor de grandes creadores –Ed. Espasa- la autora dedica a Hemingway uno de sus más conspicuos perfiles histórico/periodísticos)…

Sí, Marta Robles es la Djuna Barnes de nuestro tiempo.

De hecho  a nuestro juicio nadie como esta periodista está hoy fundiendo periodismo y literatura de forma tan inteligente como compensada y equilibrada. Y lo está haciendo  así, mediante perfiles de actualidad (perfiles líricos en La Gaceta de Salamanca en la fértil línea periodística de Eugenio D´Ors, César González Ruano y F. Umbral; perfiles periodísticos de prosa cristalina muy apegados a la actualidad y repletos de sentido común en La Razón y diferentes televisiones; perfiles narrativos en sus libros de no ficción como La dama del PSOE, Los elegidos por la fortuna, Madrid me Marta, etc).

Pero además, y como un modo complementario y coherente de hacer eso mismo, fundir  periodismo comprometido y literatura, Marta Robles da a imprenta de vez en vez contundentes novelas negras de fuerte contenido social y rabiosa actualidad que vienen a ser un modo de entrar con paso lúcido en los más candentes debates de actualidad de nuestro tiempo. Son novelas protagonizadas por el cínico y sentimental detective Roures, con las cuales ella opina con criterio mediante la ficción (por ejemplo en La mala suerte, 2018, la autora entra en el controvertido tema de hasta dónde estamos dispuestos a llegar a veces en occidente por ser padres y madres, para acabar haciendo que nos preguntemos si a veces la paternidad es un acto de generosidad o más bien de egoísmo; y en La chica que no supiste amar, 2020, la autora toca con criterio y contundencia el tema de la prostitución, y nos invita a posicionarnos moralmente, y a reflexionar sobre los pros y los contras de la abolición y de la prohibición, y, sobre todo, nos lleva a humanizar a las víctimas).

Pero la versátil Marta Robles tiene otro registro para hacer lo mismo, fundir con talento periodismo y literatura: el del perfil histórico. En este apartado se inscribe su conspicuamente iluminador libro de historias de la historia (que dirían Carlos Fisas y Fernando Vizcaíno Casas): Pasiones carnales, 2020. Éste libro es un repaso (uno erudito con maneras de crónica histórica y trazas de ensayo novelado) a los devaneos sexuales de las monarquías. Y lo impresionante de esta obra cuando se publicó fue también su pertinencia, pues se publicó durante lo más candente de los debates sobre la vida personal de nuestro esperpéntico Rey Emérito: por eso ese libro de Marta Robles fue como esos artículos que un buen periodista de internacional escribe como hablando de lo que pasa en el extranjero, pero en realidad hablando indirectamente sobre lo que pasa aquí.

Y en ese mismo registro literario de Marta Robles erudito pero divulgativo, ameno, iluminador e inspirador llega ahora a las librerías un libro de perfiles periodísticos novelados en miniatura: glosas biográficas de grandes creadores dominados por el amor, el desamor, el sexo y la pasión (valga la redundancia) como motor de su genialidad creadora.

Tras un prólogo en el que, citando a Juan Eslava Galán, la autora califica a la poeta griega Safo de Lesbos como inventora del amor tal y como lo conocemos, y sin detenerse a tal efecto luego en el amor cortés, en De Amore de  Andreas Capelanus y los Diálogos del amor de León Hebreo, y la formulación del amor platónico de Marcelo Ficino y Pico della Mirandola (lo hace así porque este libro no es un ensayo que pretenda agotar el tema, sino un texto escrito con espíritu indagador y con una honesta intención de entender y de hacer entender a los personajes), el libro se centra en el mito del don Juan con sus diferentes representaciones y matices. Y luego nos habla de los creadores que viven y beben del amor atormentado. Los del amor noir. Los asesinos. Los del amor en sus diferentes expresiones sexuales. Los promiscuos. Las mujeres fatales. Los maniáticos, fetichistas y depravados. Los machistas, misóginos. Maltratadores y malvados. Los liberales. Los adictos a las triangulaciones amorosas. Los que robaron artísticamente el brillo a su pareja…

Las estampas biográficas que componen este libro-mosaico con algo de novela discontinua y algo de ensayo son, en buena medida, conocidas, pero están narradas todas de modo tan suelto y con un pulso narrativo tan hipnótico que no cabe otra cosa que decir que el conjunto es fascinante. Personalmente a mí me desconcertó la referencia a Safo, que hay quien diría que es mucho más que la poeta del amor,  pero me sorprendió el de Anne Perry (no debo revelarles nada de este capítulo salvo decirles que es muy sorprendente, que da para una novela y hasta para un guión de cine, y que está excepcionalmente bien narrado, uno de los mejores capítulos del libro). Y me subyugó también el de James Joyce y Nora, esa pareja tan conocida y a la que sin embargo Marta Robles nos hace ver desde un ángulo nuevo cargado de perspicacia psicológica y humana, y no digamos el de Marilyn Monroe, acaso el perfil más narrativo de todos y el que más funciona como relato corto que engloba en breve espacio una turbulenta vida entera y, además, eso que Mayakovski llamó la construcción de un personaje.

Un capítulo aparte en este libro hemos de dedicárselo a las humanizaciones. Por ejemplo es impresionante como Marta Robles en estas páginas humaniza al pintor contrahecho Henri de Toulouse-Lautrec (epistemológicamente muy reveladora la disquisición moral de por qué este pintor vivía con prostitutas pero no era un putero). Y,  por ejemplo, como humaniza también a Alma Mahler a pesar de que sea una mujer de vida repleta de aristas….

Hay mucha erudición en estas páginas, un gran trabajo de investigación, pero aún más nos ha impactado la perspicacia moral que demuestra, y la voluntad de empatizar y comprender y hacer comprender: ¡todo muy humano y humanista, como decían los clásicos! (en verdad la mirada narrativa de Marta Robles aquí está repleta de humanidad y de finura moral, y por eso es aún más brillante que la cultura prolija en este meritorio libro concebido todo para una tesis general, que viene a ser ésta: Sigmund Freud decía que el sexo es el motor de lo humano, y Rosa Montero en un libro reciente matiza que en la creatividad humana es desestabilizadora porque la imaginación es la loca de la casa, pero Marta Robles fundamenta con datos, con ejemplos, con perspicacia psicológica y ya decimos que con mucha finura moral, que la pasión y el amor y el desamor son los motores de la creatividad humana artística en su modalidad genial).

Si existe la justicia poética, este libro debería ser uno de los más leídos de la temporada. Desde luego nosotros lo recomendamos vivamente.

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