Vietnam, un puente entre guerras y letras

Puente Ba Na Hills o Puente de las manos de Dios en la montaña
photo_camera Puente Ba Na Hills o Puente de las manos de Dios en la montaña
Cuando el viajero revisa la historia de Vietnam, entiende por qué sus ciudades son la consecuencia directa de la política y por qué la geografía actúa como un gran cinturón apretando trágicamente sus fronteras

Como en un anfiteatro, la naturaleza vibra sobre el rio Mekong. El sonido de los pájaros es la banda sonora de la vida. Sus caudales, la arteria de comunicación para los habitantes que, en él y de él, viven y que, en él y por él, han muerto. El rio, como la soledad, cuenta sus historias y, posiblemente, las más conocida sea el relato de Marguerite Duras (1914 – 1966) cuando, al inicio de su novela autobiográfica, El Amante (1984), la escritora escribe sobre su adolescencia y describe el paisaje que la acompaña en la travesía fluvial…

“Me acerco a la borda. Miro el río. Mi madre, a veces, me dice que nunca, en toda mi vida, volveré a ver ríos tan hermosos como éstos, tan grandes, tan salvajes, el Mekong y sus brazos que descienden hacia los océanos, esos terrenos de agua que van a desaparecer en las cavidades del océano. En la planicie hasta perderse de vista, esos ríos, fluyen deprisa, se derraman como si la tierra se inclinara”.

FRANGMENTO DE LA PELICULA “EL AMANTE”, DIRIGIDA POR JEAN-JACQUES ANNAUD (1943) EN EL AÑO 1992
FRANGMENTO DE LA PELICULA “EL AMANTE”, DIRIGIDA POR JEAN-JACQUES ANNAUD (1943) EN EL AÑO 1992

El Delta del Mekong da la bienvenida al viajero entre alfombras esmeraldas, campos de arroz y humildes casas sobre palafitos. A solo dos horas en coche se encuentra la famosa ciudad de Ho Chi Minh, la antigua Saigón.

Saigón fue conocida mundialmente por jugar un papel fundamental en la Guerra de Vietnam (1965 - 1975). Cuando el viajero revisa la historia del país, entiende por qué sus ciudades son la consecuencia directa de la política y por qué la geografía actúa como un gran cinturón apretando trágicamente sus fronteras.

LA ENTRADA CAMUFLADA DE UNO DE LOS TUNELES DE CU CHI, EN LA PROVINCIA DE HO CHI MINH.
LA ENTRADA CAMUFLADA DE UNO DE LOS TUNELES DE CU CHI, EN LA PROVINCIA DE HO CHI MINH.

Las innumerables excursiones que ofrecen las agencias de viajes a través de las cicatrices bélicas de su pasado incluyen paseos por túneles claustrofóbicos, excursiones por los escenarios de las selvas frondosas e, incluso, la posibilidad de disparar armas de fuego utilizadas durante la contienda.  En el libro de Max Hastings (1945), La guerra de Vietnam, una tragedia épica, (Editorial Crítica, 2022), el autor escenifica el conflicto de una manera grandiosa y sitúa al lector en el germen del conflicto de la misma manera que ya lo hiciera Mark Baker (1950) con su betseller NAM: La guerra de Vietnam en palabras de los hombres y mujeres que lucharon en ella (1981).

Sin embargo, Vietnam ofrece algo más que su triste historia. ¿Cómo se le puede sacar el máximo partido a su visita? Si ascendemos desde la ciudad de Ho Chi Minh, donde hemos visto sus monumentos coloniales franceses y abandonamos el Delta de Mekong, donde hemos cazado pescados como halcones, podemos pernoctar en uno de los lugares más fantásticos del Planeta. La Bahia de Ha Long se abre al viajero por sus increíbles montañas. Visitarla es un descanso para la vista y los sentidos. Disfrutar de ella, una obligación.

BAHIA DE HA LONG
BAHIA DE HA LONG

Podría enumerar las razones para descubrir este lugar, pero cualquier lista sería insuficiente comparada con su eterna belleza. Como menciona Gabriel Quindós (1965) en su libro Otras nubes, otras lluvias (Menoslobos, 2015), “conocer un lugar es poder contarlo” y, el escritor, fiel a sus principios, así lo hace a través de los paisajes que le sedujeron, de las conversaciones que le absorbieron y de las ideas que, en su total conjunto, esbozaron algún tipo de retrato en su mente. El resultado de sus vivencias por el país es una serie de cuentos exquisitos que narran el estado actual de Vietnam y que confirman su arte literario de una manera magistral.

La literatura me despierta en un país atormentado y bello. Vietnam es la seducción de sus paisajes y la bendita serenidad de sus gentes que, como hormigas motorizadas, cruzan las avenidas contaminadas por el humo de sus vehículos. Vietnam es el aroma del café y de la comida callejera; el caos, la liturgia y la amistad; el maridaje de sus ciudades con los destellos colonialistas que tantos desencuentros crean y el privilegio de poder viajar desde una atalaya, la atalaya de la libertad, la confianza, el conocimiento y la empatía.

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