Los errores del crimen de Rocío Wanninkhof

De izquierda a derecha, Dolores Vázquez, Tony King y Rocío Vanninkhof.
photo_camera De izquierda a derecha, Dolores Vázquez, Tony King y Rocío Vanninkhof.
El asesinato de la joven, Rocío Wanninkhof, conmocionó a la opinión pública, pero los errores judiciales y policiales cometidos entonces se siguen arrastrando 20 años más tarde.

Este pasado mes de octubre, se cumplieron 20 años de la

desaparición y asesinato de la joven malagueña, Rocío Wanninkhof. Un crimen que

sigue arrastrando consigo ciertos interrogantes, además de una pena social y

mediática perpetua para Dolores Vázquez, quien fue amante de la madre de Rocío y

acusada de matar a la joven hasta que apareció el verdadero asesino, el

psicópata, Tony King.

Dolores Vázquez pasó 17 meses de su vida en prisión, acusada

de un crimen que no cometió. Imploró y suplicó su inocencia una y mil veces,

pero el discurso que los investigadores construyeron —sin pruebas suficientes

para encerrarla— agradó tanto a la sociedad, ansiosa y pendiente de uno de los casos

más mediáticos de la época (finales de los 90), que desmontar tal morbosa tesis

hubiese acabado con la reputación de más de uno. 

Sucedía el 9 de octubre de 1999. La joven, Rocío

Wanninkhof, de tan solo 19 años, salió de casa de su novio, en La Cala de

Mijas, Málaga. Era un sábado por la tarde, iba a su casa a ducharse, a

arreglarse. Más tarde, tenía planeado volver con él e ir juntos a la feria de

Fuengirola, pero Rocío jamás regresó. Esa tarde, la joven fue brutalmente

agredida y asesinada por el depredador, Tony King, pero eso no se supo hasta

años más tarde. Rocio recibió nueve puñaladas. Porque sí. Y, así, arrancaba el

primer suceso mediático de la España del siglo XXI, el cual se prolongó hasta

2005.

Se construye el perfecto crimen pasional

Un año más tarde de la muerte de Rocío, la Guardia Civil,

encargada del caso, detiene a Dolores Vázquez. La mujer había sido amante de la

madre de Rocío y los agentes concluyeron un perfecto crimen pasional: Dolores

habría matada a la joven por celos y rencor. El caso tenía los componentes

perfectos para convertirse en un macrocaso mediático: mujer, homosexual —que a

principios de siglo y, por desgracia, en la actualidad, sigue siendo motivo

suficiente como para estigmatizar a alguien— y crimen pasional. La falsa tesis

era perfecta para alimentar de morbo a una sociedad pegada al televisor. Pero

estaban equivocados.

¿La prueba? Unas fibras lanosas encontradas entre la ropa que

portaba Rocío el día de su muerte, que podrían coincidir con un abrigo que,

ocasionalmente, llevaba Dolores. ¿La casualidad? El cadáver de la joven

apareció al lado del jardín de un tío de Rocío, hermano de su madre y con

el que Dolores Vázquez tenía muy mala relación. ¿Podría haber arrojado allí el

cuerpo para que sospechara de ese hombre?

Algunos detalles más convencieron a los agentes de que

Vázquez podría haber participado en el crimen, aunque no todos los

investigadores estaban de acuerdo con su detención y algunos consideraron que

no había indicios suficientes ni pruebas sólidas. Vázquez fue detenida en

octubre de 2000 y enviada a prisión provisional a la espera de juicio. La

acusada que, desde el primer día, estuvo en el punto de mira de la madre de

Rocío, Alicia Hornos, finalmente fue declarada culpable, en febrero de 2002, y

condenada a 15 años de prisión.

Se desmontan todas las tesis iniciales

Después de pasar 17 meses en prisión y tras una sentencia de

culpabilidad de un jurado popular, Dolores Vázquez era puesta en

libertad. Ella no lo había hecho. En agosto de 2002, se encontró al

verdadero asesino de la joven Wanninkhof, Tony King. Sin embargo, Dolores,

hoy en día, sigue siendo señalada como la auténtica cara del mal.

La vida de Vázquez dio un giro en agosto de 2002. La joven de

17 años, Sonia Carabantes, es asesinada en Coín, también

Málaga. Muestras de ADN recogidas en el caso coincidieron con las de

una colilla de cigarro halladas en el lugar de la desaparición de Rocío y registradas

entonces. Esas muestras pertenecían a Tony Alexander King, un

británico residente en Alhaurín el Grande. Un auténtico depredador sexual con

varios antecedentes por agresión en el Reino Unido.

Su esposa denunció que el día de la desaparición de Rocío, el

sospechoso llegó a casa con manchas de sangre en la camisa. Fue detenido,

al igual que su amigo, Robert Graham, como supuesto encubridor del

crimen, aunque poco después, éste fue puesto en libertad.

Entonces, quedó en evidencia uno de los mayores errores de la

justicia española. Dolores fue puesta en libertad, aunque su pena traspasó los

barrotes de la prisión. Entre otros motivos, King empezó a construir un relato

exculpatorio ganándose el cariño y la confianza de Alicia Hornos, madre de

Rocío, y de todo su círculo más cercano, quienes hoy en día siguen creyendo que

fue Dolores quien mató a la joven. Sin embargo, otro juicio inculpó a King,

sentenciado a 19 años de prisión. En la sentencia, el juez matizó, no obstante,

que el condenado "no actuó solo, sino en compañía de, al menos,

dos personas". Una condena que suma a los 36 años de cárcel por el

asesinato de Sonia Carabantes y a los 7 años más por el

intento de violación, en 2001, de una joven en Benalmádena (Málaga).

Dolores se queda sin lo que pedía

A Dolores la detuvieron en el 2000 por varios motivos. Desde

un primer momento se creyó que el asesino pertenecía al círculo cercano de

Rocío, por el ensañamiento de las puñaladas, y supusieron, sin argumentos

sólidos, que la joven conocía a su agresor. La Guardia Civil pensó que

Dolores se podría haber vengado de Alicia, pincharon su teléfono e infiltraron

a una agente en su círculo. Además, se encontraron en el cadáver de Rocío unas

fibras que coincidían con la ropa de Dolores, algo que finalmente resultó no

ser cierto. También, algunos testigos apuntaban a que habían visto su vehículo

en la fecha y hora del crimen. Durante el juicio, una psicóloga forense la

definió como una persona “fría, calculadora y agresiva” y la Fiscalía se centró

en desacreditarla personalmente, más que en desarrollar las pruebas.

Todo se dio por bueno y el jurado popular la sentenció, y fue

condenada a 15 años y un día de prisión, y a pagar una indemnización de 18

millones de pesetas (más de 108.000 euros). Fue todo tan raro, que el

propio Tribunal Superior de Justicia de Andalucía ordenó repetir el

juicio, algo que no hizo falta, porque Tony King volvió a matar. Después de

519 días en prisión, Dolores volvía a ver la luz.

En 2008, el Ministerio de Justicia reconoció el error y le

ofreció 120.000 euros, muy lejanos de lo que ella pedía, unos 4 millones.

Recurrió a la Audiencia Nacional y al Tribunal Supremo. Ambos dijeron que no.

Las cartas de Tony King

En la actualidad, mientras Dolores sigue siendo estigmatizada

y señalada, Alicia sigue recibiendo cartas de Tony King desde la prisión. Él

insiste en su inocencia y la madre de la joven en que no fue él quien mató a su

hija. A pesar de ser un psicópata de manual, Alicia confía en su inocencia,

aunque reconoce los muchos interrogantes que sigue arrastrando el caso.

Dolores no consigue limpiar su imagen y, tras un breve exilio

al Reino Unido, volvió a su lugar natal, Betanzos, en A Coruña. Sus allegados

la defienden, dicen que es encantadora, pero que sí, por supuesto, sigue

marcada por lo que pasó. 

Además de los interrogantes que Alicia asegura tener

todavía, cabe reflexionar sobre si casos tan mediáticos y con tanta presión

deben ser juzgados por un jurado popular. Y es que, en muchos casos, los

jurados ya tienen el veredicto preconcebido.

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