Opinión

Crimen de la Guardia Urbana: Gana Rubén, pierde Rosa

Rosa Peral es una «charlatana» (así la calificó el fiscal) a la que no le ha servido de nada responder a todas las preguntas de todas las partes personadas en el juicio. Su examante y también acusado, Albert López, no quiso responder a las preguntas de la abogada de ella, por «cansancio mental» y para «no cansar a los miembros de jurado». 

El Tribunal Popular no ha creído ni a la una ni al otro. Sí, sin embargo, han comprado a peso el discurso del Ministerio Fiscal. 

Albert y Rosa, no son lo mismo

La verdad es que las pocas dudas sobre la participación de Albert López en el crimen se desvanecieron durante el devenir del juicio. Sin embargo, en el caso de la acusada, Rosa Peral, al menos dos de los peores elementos en su contra, la declaración de Antonia, actual pareja del exmarido de la Peral, Rubén Carbó, y el testimonio de Anyuli, una reclusa que declaró, entre otras cosas, haber sido sondeada en la cárcel por la agente para contratar a un sicario, resultaron poco menos que favorables a la línea de defensa de Rosa, lo que, para aquellos que siempre alimentamos dudas (nunca certezas) sobre lo acontecido en este crimen, a tenor de lo visto en el sumario, nos hizo pensar que el resultado de la vista sería, como poco, incierto.

Antonia y su mímica

Pero no ha sido así. Vayamos por partes. Antonia, hasta en tres declaraciones distintas en fase de instrucción, vino a decir que las hijas de Rosa vieron a ésta ensangrentada, cuchillo en mano, la noche en que Pedro Rodríguez fue asesinado en la casa donde convivían en Cubelles (Barcelona). Sin embargo, el presidente del Tribunal dijo que no se aceptaba cualquier referencia a lo que dice que dijeron las niñas (de 4 y 6 años), por ser argumentos referenciados, no directos.

Entonces, ávidos, el fiscal, la acusación particular y la defensa de Albert dijeron a Antonia (que declaró en una sala contigua para preservar su imagen por miedo a su exmarido maltratador) que no diera explicaciones, pero que actuase, sí, que gesticulase, que imitase los gestos (¿éstos no eran también referenciales?) que, según ella, las niñas recrearon cuando le explicaron lo referenciado (¿por qué no lo hicieron ante su padre, tras el crimen?). Esa mímica parece ser uno de los argumentos sólidos que llevaron al Tribunal Popular a considerar que Rosa mató a Pedro. 

Anyuli, la mentirosa

Por otro lado, está la reclusa, Anyuli, que llegó al juicio bloqueada por una especie de depresión (así lo dijo) y que apenas recordó nada. Pero a Anyuli, le recordaron que ella le dijo al cocinero de la cárcel y éste a su amigo Rubén, que Rosa había contactado con ella en la cárcel para contratar a un sicario y poder matar a su exmarido.

Rubén no tardó ni un minuto en denunciar a Rosa por conspiración por asesinato, la prensa no tardamos ni dos en difundirlo y la Justicia no tardó ni tres en abrir una investigación que poco después se acabaría archivando por inexistencia de pruebas, ergo de delito. Anyuli mintió cuando dijo que Rosa le dijo que había descuartizado el cadáver de Pedro. Lo hizo, porque los forenses declararon que el cadáver estaba intacto y entero cuando apareció en el maletero del coche calcinado en el pantano de Foix. Sin embargo, lo poco que «recordó» Anyuli durante su testificación en el juicio también ha sido material prioritario para el jurado popular.

Rubén gana

En ambos casos, la mano que mece la cuna pertenece a Rubén Carbó, exmarido de la Peral, Mosso d’Esquadra y bien conectado, a pesar de acumular meses y meses de baja por depresión (Rubén Carbó, tuvo que declarar desde una sala contigua de la Audiencia, por miedo al exmarido de su actual pareja). Rubén mantiene una pésima relación con su exmujer, Rosa Peral.

Recurso en ciernes

Curioso lo de este juicio. Veremos cómo se recolocan las piezas de esta amalgama sórdida y sucia que es en lo que se ha convertido el caso del crimen de la Guardia Urbana, y si el Tribunal Superior de Justicia de Catalunya (TSJC) bendecirá o no esta sentencia. 

Lo preocupante para quien firma esta información es que, tras 30 años de crónica judicial, te das cuenta de que no sabes nada de nada y de que la justicia depende del grosor de la pluma con la que se escribe. Seguimos.

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