Opinión

Tirar sopa de tomate contra un Van Goght, o los murales-grafiti de Banksy

La Opinión de Luis Artigue para eltaquigrafo.com
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La economía no ilumina el mundo sino que lo calienta, y recalienta, y post-calienta.

¡Todo lo contrario que el arte!

¡Pero la economía –y no la política, ni mucho menos el arte- dirige el cotarro global!

Por eso, todo lo que pueden hacer los políticos por el calentamiento global del planeta es inútil (tan inútil, de hecho, como el viejo Protocolo de Kyoto o la nueva Cumbre del Clima de El Cairo).

Y todo lo que pueden hacer los activistas performativos por la crisis climática apocalíptica del planeta es tan inútil como los bellos murales-grafiti callejeros de Banksy.

De hecho, sí, todo lo que pueden hacer en verdad los activistas por la crisis climática del planeta es una pataleta muy efectista pero inútil como eso de ir a un museo a tirar sopa de tomate sobre un Van Gogh

Sí, coincide en el tiempo la llegada a las librerías de un libro-joya, uno publicado en tapa dura y con ilustraciones a todo color y con un estudio ensayístico magnífico por Ed. Cátedra, el cual firma la artista, crítica de arte y poeta norteamericana Carol Diehl, y se titula TODO BANKSY (es un libro que recopila y estudia en profundidad el cotizado arte callejero, antisistema, anónimo, político, preciosista y activista que este artista y/o grafitero al margen del mercado del arte está pintando en paredes callejeras de ciudades clave del mundo para despertar conciencias),  coincide, decimos, con la moda última del ecologismo de ir a los museos a vandalizar obras de arte.

Y creemos que es un buen momento para reconocer que lo que individualmente cada uno podemos hacer por el cambio climático es algo, pero es inútil. De hecho del todo inútil mientras USA, China, India y el resto de los principales emisores de gases de efecto invernadero del mundo, ni se comprometan con el patrimonio natural, ni vayan a las cumbres del cambio climático, ni firmen y cumplan los protocolos. Sí, inútil mientras la economía mande más que la política en todos los rincones de este loco mundo.

Por eso, en medio de la resignación alerta y en guardia política y moral que nos invade, lo de los activistas performativos en los museos vandalizando “toda esa belleza inútil”, como se la llamaba en una bella canción de Elvys Costelo, nos conmueve, nos ilusiona, nos reactiva, nos hace derramar una lágrima por la revolución que no pudo ser y otra por la revolución que viene y que tampoco triunfará, y nos reactiva, sí, pero nos hace pensar asimismo que vandalizar obras de arte, como hacen estos activistas, es precioso pero inútil en cuanto a objetivos reales de salvación del mundo, tal y como nos enseñan las novelas apocalípticas de Judith Merril.

Y, por el contrario, el arte irreverente, político, periférico, casi suburbial, irreverente, anticonsumista, humilde en su falta de orgullo de autoría al ser anónimo y verdaderamente combativo ideológicamente en sus  temas, títulos y enclaves en los que está realizado, de este artista sin cara ni identidad conocidas mitad muralista y mitad grafitero y que firma como Banksy, también es precioso, pero, acaso, un poco menos inútil (más ahora que esas obras alcanzan precios desorbitados en las subastas de arte).

Pero que la poesía o el activismo sea inútil, no significa que no sea importante.

Nos ayuda a no resignarnos, a no rendirnos a la dictadura de lo  rentable y lo práctico y lo útil y del egoísmo economicista y resultadista a toda costa. Y nos recuerda que un grano no hace granero pero ayuda al compañero. Y que cada uno debe de hacer lo que pueda hacer en contra del egoísmo cuartelero del capitalismo voraz y el industrialismo sin contemplaciones que está llevando al mundo a la autodestrucción de la que nos hablan las novelas distópicas de Philip K. Dick.

Lo interesante del acto performativo de estos activistas no es el acto en sí, sino lo que tiene de poético este acto: es un poema político que sin palabras nos dice que nos indignamos y nos llevamos las manos a la cabeza por la destrucción del patrimonio cultural, pero no por la destrucción del patrimonio natural.

Será poco, pero esto que nosotros podemos hacer lo vamos a hacer.

Será inútil nuestro poema no sobrecalienta el mundo sino que lo ilumina.

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