Opinión

Las fiestas de La Mercè patrocinan estos altercados

Varias motos y bicicletas tiradas por el suelo, tras los altercados de Plaza España (Barcelona)   /   Twitter
photo_camera Varias motos y bicicletas tiradas por el suelo, tras los altercados de Plaza España (Barcelona) / Twitter
Los taxis, a cierta hora de la noche, ya ni se paran en la zona de Plaza España y la Avenida María Cristina. Cuando empiezan los altercados, ni se acercan. Por segundo año consecutivo La Mercè finaliza con apuñalamientos y varios destrozos en la ciudad

El 24 de septiembre de 2021 no me atreví a salir a las fiestas de La Mercè. La pandemia seguía todavía muy latente. Tampoco había ninguna actividad o concierto que me llamase especialmente la atención y los macro botellones… bueno, no hace falta decir nada acerca de eso. Next. A la mañana siguiente me levanté relativamente temprano y me encontré que mi ciudad, mientras yo dormía, se había convertido en un auténtico campo de guerrilla. Vehículos destrozados, una fachada entera hecha pedazos en la avenida María Cristina, contenedores quemados por toda la ciudad, apuñalamientos y enfrentamientos con los Mossos.

Indignada, escribí las siguientes líneas: “lo de Barcelona no son sólo macro botellones, son putas guerrillas urbanas. Los que a las cinco de la mañana buscan jarana contra la policía, tampoco son jóvenes pasando un buen rato con sus amigos al aire libre, son delincuentes”. El auge de esos macro botellones – donde además de beber, se violaba y se apuñalaba sin ton ni son – se desvaneció con la reapertura del ocio nocturno. Lo que no desapareció, lamentablemente, fueron los delincuentes. Ayer lo viví en primera persona, y eso que yo hui de Plaza España mucho antes de que eso se convirtiera de nuevo en territorio hostil. Juzguen ustedes mismos:

El buen ambiente empezó a degenerarse

Este año estaba feliz, las fiestas de La Mercè volvían con alegría a lo que conocíamos antes de la pandemia. Actividades y conciertos por toda la ciudad, sin restricciones y sin mascarillas. Fui con una amiga a la Avenida María Cristina a ver a Ítaca Band y La Pegatina– ambos grupos, por cierto, de mi ciudad natal, Montcada i Reixac -.  Antes de que terminase la fiesta, el sueño y el frío se impusieron a nuestras ganas de seguir bailando y decidimos ir a por un taxi.

A medida que dejábamos el concierto atrás y el eco de la voz Adrià Salas se confundía cada vez más con el bullicio de las miles de personas que compartíamos espacio, solo hacía falta observar un poco el ambiente, para saber que la noche tenía muuuuuchas probabilidades de terminar mal. Jóvenes vestidos de negro, con capuchas y mascarillas negras. ¿Mascarillas negras? Sí, querido lector, sí. Para ir en metro como sardinas enlatadas no se la ponen, pero para prepararse para liarla un poco, sí. No vaya a ser que sean identificados.

Los taxis ni se paran en esa zona

Alejadas del concierto, ya en Plaza España, se escuchaban los primeros insultos entre grupos. Jóvenes realmente muy jóvenes, diría que la mayoría no pasaban de los 20 años, que ya los notabas buscando enfrentamiento. Y no lo dije solo yo. De hecho, fue mi amiga quien me dijo: “no me dan buena vibra”. Y, aunque es cierto que en su mayoría, muchos se van en cuanto la Policía se pone un poco más estricta, como ya ha pasado en otras veces, no todos lo hacen por las buenas.

Paralelamente, en nuestro periplo de encontrar un taxi, mientras comentábamos el ambiente fuimos andando por la calle Tarragona hasta la estación de Sants. Ningún taxi se paraba. Incluso con la luz verde pasaban de largo. Ya llegando a la estación, logramos parar a uno. Fue entonces que nos confesó que muchos compañeros, incluido él mismo, decidían pasar de largo de esa zona. “Te insultan, te dan golpes al vehículo, patadas cuando estas en el semáforo en rojo. Ahora todavía es buena hora y podremos pasar por Plaza España, pero en un rato empezaremos a buscar rutas alternativas, porque no solo no nos queremos parar, si no que ni siquiera queremos acercarnos a esa zona. La batalla campal, hoy, está asegurada”.

Y el taxista tenía razón

Ante la seguridad del conductor, le pregunté cómo que estaba tan convencido de ello. Me dijo que llevaba 20 años en el sector y que nunca había visto nada parecido a lo que pasa en Barcelona desde hace un par de años cuando hay fiestas. Da igual el barrio o la zona. “Siempre son los mismos, ya los reconoces. Quizá no todos buscan jaleo, pero van vestidos e imitan a los que sí lo buscan. Son muy jóvenes, vestidos de negro, con capuchas y mascarillas o bragas para cubrirse el rostro”.

Nos dejó en casa pocos minutos antes de las 03.00 de la madrugada. Poco después, empezaban a sucederse los primeros altercados en la zona que acabábamos de abandonar. Y a última hora de la noche, siendo ya altas horas de la madrugada, la estampa ha sido la misma que la del año pasado: comercios saqueados, contenedores quemados, motos por el suelo y dos apuñalamientos, uno de ellos mortal. El taxista tenía razón.

Por supuesto, la magnitud del problema no alcanza los 66 detenidos que hubo el año pasado. Y, aunque por ahora no hay detenidos, no se esperan las mismas cifras. Sin embargo, el patrón en mayor o menor medida se repite: hay una fiesta es sinónimo de ‘vamos a liarla’.

La Policía estaba este año algo más reforzada

No ha sido hasta las 05.00 de la mañana que los antidisturbios de la ARRO de los Mossos y la Guardia Urbana se han empezado a poner serios para despejar la zona, cuando ya hacía horas que habían terminado los conciertos. Algunos atrevidos han vuelto a lanzar objetos contra el cordón policial, este año, visiblemente más reforzado al que había hace un año. Sin embargo, eso no ha evitado que Plaza España haya vuelto a acoger una batalla campal. Justo la misma zona que protagonizó graves incidentes en 2021.

No sé que está pasando en la ciudad de Barcelona, por qué esta dinámica se ha calado de tal forma que se ha convertido ya en una ley no escrita. Yo, mi amiga, el taxista y seguramente muchos de los que fuimos al concierto en María Cristina sabíamos que la noche podía acabar mal. Me gustaría saber si eso pasa en otras ciudades y por qué Barcelona protagoniza estas escenas tan violentas.

Nadie hace nada

Y así estamos un año más. Perpetuando la delincuencia en la ciudad de Barcelona. Creo que los de arriba, los que deberían poner orden y cartas sobre este problema, porque ya es un problema social y muy grave, están demasiado obsesionados en quedar por encima del rival y se están olvidando de los principios básicos de su trabajo: velar por los derechos y la seguridad de toda la ciudadanía que les ha colocado en sus despachos de lujo.

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