Opinión

Obligados

Puteros en los alrededores del mercado de la Boquería en Barcelona.
photo_camera Puteros en los alrededores del mercado de la Boquería en Barcelona.
Distinguir entre trata y prostitución es mentir, y además, es intentar legitimar la idea de que en la sociedad puede existir alguna suerte de “buena prostitución” ejercida por “mujeres voluntarias” que realizan un “trabajo sexual” que sería una especie casi de “servicio público”.

Este pasado 23 de septiembre, como cada año, se ha ¿celebrado? el Dia Internacional contra la Trata de personas con fines de explotación sexual, es decir, la compraventa de mujeres y niñas para prostituirlas. Algunos gobiernos de todos los colores, como el de la Junta de Andalucía de derecha y el del gobierno de España disque de ¿izquierda?, han aprovechado la efeméride para anunciar campañas de lucha contra la trata, que, aparte de videos para redes o medidas sin presupuesto, no sabemos muy bien en qué consisten.

Esto no es de sorprender puesto que pasa siempre que hay un día conmemorativo. Lo alucinante es que gobiernos en activo crean que merecen algún tipo de reconocimiento por emprender acciones contra un delito, que es la trata de personas. Perseguir los delitos es la obligación de todos los gobernantes.

Imaginen a cualquier gobierno del mundo haciendo videos en Instagram anunciando que ha decidido luchar contra el narcotráfico o hacer una rueda de prensa para anunciar que la policía detendrá a los conductores borrachos. Sería una estupidez supina. Y sin embargo, ahí vemos a todos los políticos manifestándose contra la “trata de personas de personas con fines de explotación sexual”.  Toma ya.

La perversión llega cuando desaparece el manto del neolenguaje y vemos que, a todos y todas aquellos a los que les molesta exclusivamente la trata y sólo la trata, y que hablan de luchar contra la trata y nada más contra la trata, en realidad te están diciendo que el resultado de la trata, es decir, la prostitución de millones de mujeres, niñas y niños en todo el mundo, ya les parece bien.

Los aborrezco. Especialmente a los políticos y a sus patéticas campañas “contra la trata”. Deben saber que sólo la abolición completa de la prostitución es éticamente aceptable, igual que en su momento lo fue la abolición de la esclavitud.

Distinguir entre trata y prostitución es mentir, y además, intentar legitimar la idea de que en la sociedad pueden existir alguna suerte de “buena prostitución” ejercida por “mujeres voluntarias” que realizan un “trabajo sexual” que sería una especie casi de “servicio público”.

Pero los cierto es que no existe la buena prostitución igual que no existe la buena violación ni el trabajo sexual ni el derecho a tener sexo.

La inmensísima mayoría de las mujeres en prostitución provienen de la trata, y el 100% de todas las mujeres prostituidas provienen de situaciones de desamparo, pobreza o desesperación. Situaciones en las que el mito de la libre elección solo se convierte en la mentira que se repiten cada día para poder seguir vivas en su terrible situación.

Cada vez que un político propone medidas contra la “trata” y silencia maliciosamente la prostitución, sabe que en realidad está dando pasos hacia la regularización de la venta de mujeres como algo aceptable en nuestro país y en cualquiera. Y para muestra un botón.

Nuestros gobiernos “ultramegafeminista” propone multar a los puteros que consuman mujeres en prostitución provenientes de la trata. La distinción entre la trata y la buena prostitución. Pero no acaba ahí la cosa. La comprobación de si la mujer prostituida proviene o no de la trata se hará, ojo, preguntándole a la propia mujer. Como todo el mundo sabe, las mujeres de trata están amenazas, ellas y sus familias, explotadas y vigiladas 24 horas 7 días. Y precisamente pasan años atrapadas en las redes de trata porque no se atreven a denunciar a sus tratantes.

Pero propone nuestro gobierno una medida en la que, por arte de magia, si la policía va a multar a un putero, la mujer víctima de trata diga abiertamente que es víctima de trata y denuncie a sus tratantes a la policía para que multen al putero.

Esto es dos cosas, la primera, un insulto a cualquiera que le funcionen más de dos neuronas. Y la segunda, la prueba fehaciente de que nuestros políticos utilizan la supuesta “lucha contra la trata” para dar pasos hacia la regularización de la prostitución.

Por tanto, a todos los que esta semana hemos visto desde las instituciones sacar pechito para darse golpes en él por lo que se lo curran por perseguir unos de los delitos más horrendos que existe, que es la trata de personas, les digo lo que me decía mi madre cada vez que le traía las notas del cole y siempre eran dieces: es tu obligación.

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